Riopiedras-Ediciones

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

HÉCTOR ALTERIO (1929-2025): LO JUDÍO SIN SERLO Y SIN ESTEREOTIPOS

Héctor Alterio (1929-2025): lo judío sin serlo y sin estereotipos

Murió en Madrid el 13 de diciembre de 2025, a los 96 años. Exiliado en España desde los años setenta, fue uno de los grandes actores de Argentina y una figura esencial de la escena española. En su personaje de Simón, dejó una forma de mostrar lo judío sin lugares comunes: desde la vida diaria.

Héctor Benjamín Alterio Onorato se fue mientras dormía, en Madrid, el pasado sábado 13 de diciembre de 2025, a los 96 años. Había llegado a España en 1974, empujado por las amenazas de la Triple A y el clima de violencia política que precedió a la dictadura argentina. Desde entonces, su carrera se volvió un puente sostenido entre dos escenas: la argentina y la española.

En Esperando al mesías (Daniel Burman, 2000), dejó en el cine un retrato de vida judía contado desde lo cotidiano: familia, trabajo, dudas y afectos. Sin subrayados ni caricaturas, puso primero la acción y el vínculo con el otro: lo que se hace, lo que se calla, lo que se sostiene.

Alterio trabajó durante décadas en teatro y cine, con películas, series, giras y temporadas. La base fue simple: leer, ensayar y elegir. El lucimiento personal nunca tapó el relato. Prefirió el gesto justo, la pausa a tiempo y la escucha del compañero. Así construyó personajes que la gente reconoció sin necesidad de explicaciones, con una verdad escénica que no dependía de frases grandilocuentes ni de efectos.

Mostrando al mundo la vida judía

Sin ser judío, mostró la vida judía con naturalidad. No buscó «rasgos típicos»; eligió situaciones que cualquiera entiende: una mesa familiar, una discusión de trabajo, un desacuerdo entre generaciones, el cuidado de la memoria. La pertenencia aparece cuando el personaje decide, se equivoca, corrige o sostiene al otro. La identidad está en lo que hace, no en lo que declara.

En su personaje de Simón, el padre de Ariel, Alterio sostiene el mundo familiar y el negocio: una autoridad doméstica, cotidiana, sin grandilocuencia. No impone; acompaña. No sermonea; pregunta. Sus escenas ordenan el clima sin alzar la voz, con una serenidad que no busca ganar discusiones sino mantener un equilibrio. Al lado del joven Ariel, la película mira oficios, ritos y afectos como parte de la vida diaria. Ahí la identidad respira: en los vínculos y en las decisiones de todos los días.

Esa cercanía con lo judío no fue un hecho aislado ni un gesto ocasional. También estuvo presente en la cotidianidad de su profesión y en los equipos con los que trabajó. Lo muestran dos títulos escritos por la guionista judía Aída Bortnik: La tregua (Sergio Renán, 1974), primera película argentina nominada al Oscar a la mejor película extranjera y La historia oficial (Luis Puenzo, 1985), primera película argentina ganadora del Oscar a mejor película extranjera.

Ya en España, esa convivencia aparece también en colaboraciones como Semen, una historia de amor (Inés París y la directora judía Daniela Fejerman, 2005). Trabajar —y crear— con guionistas, directores y compañeros de orígenes distintos, sin convertir esa diferencia en rareza, dice mucho del clima cultural que él encarnó. Y contrasta con un presente donde lo diferente se estigmatiza con facilidad: Alterio mostraba que se puede convivir, aprender e incluso interpretar al otro desde el respeto.

Interpretar sin estereotipos

La regla fue clara: primero lo humano. Virtudes y defectos conviven. Hay padres que protegen y, a la vez, se equivocan; referentes respetados que dudan; creyentes que se enojan; racionales que necesitan un ritual. Nada de molde único, nada de caricatura. El público entra por lo cercano y, desde ahí, comprende la pertenencia.

Ese modo evita dos trampas: la mirada que lo reduce a «lo raro» y la simplificación. No hace falta «explicar» la identidad; alcanza con verla en acción. Cuando un personaje cocina, trabaja, discute o cuida a alguien, la pertenencia se ve. Y cuando una película necesita silencio en lugar de discurso, Alterio lo ofrece sin gestos de más.

Por eso, el aporte de su Simón resulta hoy más significativo: mostrar el judaísmo desde la normalidad y la vida cotidiana —incluso desde una mirada no judía, cuando está hecha con respeto—, sin estereotipos ni explicaciones impostadas. Hace falta mirar de cerca y contar la vida tal como se vive. La identidad aparece cuando organiza decisiones y deja huella en los vínculos.

Ese modo de mostrar la pertenencia en la acción acercó el mundo judío a espectadores que no lo conocían y, a la vez, permitió que quienes sí pertenecen se vieran sin filtros ni caricaturas.

Que este legado de Héctor Alterio, discreto y cotidiano, inspire a más artistas y narradores a mostrar y normalizar un judaísmo que, demasiadas veces, permanece escondido, tergiversado, incluso difamado, o directamente ignorado.

Fuente: Enfoque Judío

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.