Cómo Najmánides reconstruyó Jerusalem
Obligado a huir de España a los 72 años, el gran sabio restauró las ruinas de Jerusalem.
Setecientos años antes de que los paracaidistas israelíes devolvieran la Ciudad Vieja de Jerusalem a manos judías, un gran sabio revitalizó la vida judía en la ciudad santa, construyendo la piedra angular para muchas generaciones futuras.
Najmánides, también conocido como el Rambán (sigla de Rabí Moshé ben Najmán), nació en España en 1195. Era médico de profesión, pero es más conocido por sus brillantes comentarios sobre la Biblia, el Talmud y la filosofía.
Najmánides vivió en una época en la que la Tierra de Israel sufrió una sucesión de gobernantes que conquistaban y devastaban. En 1099, los cruzados saquearon Jerusalem y masacraron tanto a judíos como a musulmanes. Saladino arrebató el control de Jerusalem en 1187, y durante los siguientes 50 años llegó una sucesión de conquistadores: los tártaros, los mongoles y los mamelucos.
Estas invasiones dejaron Jerusalem sin judíos y la ciudad en ruinas.
La disputa de Barcelona
Mientras tanto, en España, el sentimiento antijudío empujaba a los judíos a convertirse. (Esto eventualmente se manifestó en la Inquisición y la expulsión de los judíos de España en 1492). Una técnica consistía en “demostrar que el judaísmo estaba equivocado” mediante un debate religioso (una disputa) entre un rabino y un sacerdote.
Estas confrontaciones eran extremadamente peligrosas. Si el rabino perdía (es decir, si se “demostraba” que el judaísmo era incorrecto), los judíos serían obligados a convertirse en masa. Y si el rabino ganaba, tampoco necesariamente mejoraban las cosas: en una disputa, el rabino ganó, pero aun así se quemaron carretas llenas de libros del Talmud.
En 1263, el rey Jaime de España autorizó una disputa entre Najmánides y un judío convertido al cristianismo, Pablo Cristiani. Najmánides aceptó participar a regañadientes, solo después de que el rey le asegurara plena libertad de expresión. El tema del debate se centró en una diferencia clave entre judaísmo y cristianismo: definir quién es el mesías y demostrar si ya había “llegado” o no.
Najmánides ganó la batalla, pero perdió la guerra. Sus argumentos le valieron el respeto del rey (¡y un premio de 300 monedas de oro!), pero la Iglesia ordenó que fuera juzgado por blasfemia, y se vio obligado a huir de España.
Así fue como, a los 72 años, Najmánides decidió trasladarse a las desoladas ruinas de Jerusalem.
Consciente de la sombría situación en Israel, parece que Najmánides ya planeaba la revitalización de Jerusalem antes de llegar. Justo antes de partir, pronunció un sermón sobre la santidad de la tierra y la importancia de la caridad, quizás preparando a su comunidad para apoyar la construcción de instituciones religiosas en la tierra.
Profecía bíblica
En 1267, tras un largo y peligroso viaje, Najmánides llegó a la ciudad portuaria de Aco. Después de una breve estancia, viajó a Jerusalem, donde quedó impactado por su desolación. Los edificios estaban deteriorados y abandonados. Había tan pocos judíos que ni siquiera pudo reunir a diez hombres para formar un minián y rezar.
En una carta a su hijo, Najmánides escribió:
Muchos son los lugares abandonados [de Israel], y grande es la profanación. Cuanto más sagrado es el lugar, mayor es la devastación que ha sufrido. Jerusalem es el lugar más desolado de todos.
Sin embargo, Najmánides vio esperanza. Recordó los versículos de la Torá (Levítico 26:32-33) en los que Dios describe a Israel durante el exilio:
“Dejaré la tierra tan devastada que sus enemigos que habiten en ella quedarán asombrados… Su tierra quedará desolada y sus ciudades en ruinas”.
Najmánides escribió en su comentario sobre este versículo:
“Lo que Dios dice aquí, ‘dejaré la tierra tan devastada que sus enemigos…’ constituye un buen augurio, proclamando que durante todos nuestros exilios, nuestra tierra no aceptará a nuestros enemigos. Esto es una gran prueba y garantía para nosotros, pues en todo el mundo habitado no se puede encontrar una tierra tan buena y extensa que haya sido siempre habitada y, sin embargo, esté tan arruinada como esta… Desde que la dejamos, no ha aceptado a ninguna nación o pueblo, y todos intentan establecerse en ella, pero sin éxito”.
En efecto, durante los muchos siglos del exilio de Israel, ningún conquistador logró establecerse permanentemente ni hacer florecer la tierra. En las ruinas de Jerusalem, Najmánides vio el cumplimiento de la promesa Divina de que la tierra esperaba el regreso del pueblo judío.
La piedra angular de una comunidad
Najmánides se puso inmediatamente a reconstruir la comunidad judía. Eligió una casa en ruinas fuera de las murallas de la Ciudad Vieja, en el Monte Sión (con columnas de mármol y un hermoso arco) y comenzó a construir una sinagoga. Los rollos de la Torá que habían sido retirados antes de la invasión mongola y llevados a la ciudad de Shejem fueron devueltos.
La noticia de la presencia de Najmánides atrajo a más residentes a Jerusalem. En apenas tres semanas, la sinagoga Rambán estuvo lista para su uso, justo cuando llegaba Rosh Hashaná. Y en ese día sagrado, Najmánides pronunció un sermón instando a los recién llegados a permanecer en Jerusalem.
La siguiente tarea fue establecer una ieshivá. A medida que la noticia se difundía, estudiantes viajaban a Jerusalem para estar cerca del venerado erudito, maestro y líder. Najmánides logró sentar las bases de una renovación judía y, tras un año, regresó a Aco para liderar allí a la comunidad.
Volver al futuro
Tras la muerte de Najmánides en 1270, la sinagoga Rambán fue trasladada dentro de las murallas de la Ciudad Vieja. Se construyó por debajo del nivel del suelo, ya que en ese momento la ley musulmana prohibía que cualquier lugar de culto judío fuera más alto que uno musulmán.
Con el tiempo, la comunidad judía de Jerusalem creció hasta volver a convertirse en el centro de la vida judía en Israel. Sefaradíes y ashkenazíes rezaron y estudiaron juntos en la sinagoga Rambán durante los siguientes 300 años. Luego, en 1589, debido a la incitación musulmana, el gobernador de la ciudad, Abu Sufrin, convirtió la sinagoga en un almacén. Para entonces, sin embargo, la comunidad judía ya estaba firmemente establecida. Continuaría creciendo durante siglos, hasta 1948, cuando…
Durante las primeras etapas de la Guerra de Independencia de Israel, las fuerzas de la Haganá lucharon valientemente en una batalla desesperada por mantener la Ciudad Vieja. Finalmente se rindieron ante los jordanos, que ocuparon la zona y expulsaron a todos los residentes judíos. Decenas de sinagogas fueron destruidas y los restos de siglos de presencia judía en Jerusalem prácticamente desaparecieron. La propia sinagoga Rambán fue convertida en un vertedero.
Se logró la independencia, pero las antiguas calles de Jerusalem volvieron a quedar vacías, como en los oscuros días de las Cruzadas.
Diecinueve años después, en junio de 1967, Jerusalem fue reunificada. Muchas de las antiguas sinagogas fueron reconstruidas y la comunidad judía de la Ciudad Vieja fue restaurada.
En el centro del actual y próspero Barrio Judío se alza la sinagoga Rambán. La historia y la santidad se perciben en cada uno de sus ladrillos y arcos. Es un lugar lleno de plegaria y estudio de la Torá, cuya presencia es un testimonio vivo de los esfuerzos de Najmánides, hace 700 años, que siguen resonando con fuerza hasta hoy.
Larry Domnich
Publicado en AISH LATINO
