¿Cuál es la diferencia filosófica esencial entre los griegos y los judíos?
Por Rav Tzvi Nightingale
¿Cuál era la diferencia más profunda entre nosotros y ellos?
Hace más de dos mil años, se desató una batalla entre la nación judía y el imperio griego que culminó con la recuperación y dedicación del Templo y la continuación de su servicio. Janucá proviene de la palabra hebrea que significa “dedicación”, haciendo referencia a esta victoria histórica.
El enfrentamiento no fue tan simple como “buenos contra malos”, pues además de la lucha contra los griegos, también existía un conflicto interno dentro del pueblo judío. Fue la primera vez en la historia que los judíos se enfrentaban a una filosofía y estilo de vida muy atractivos que rivalizaban con los propios. Muchos judíos se sentían fascinados por la cultura, la belleza y el progreso que ofrecía la sociedad griega.
De hecho, la influencia griega continúa impactando la sociedad occidental en deportes, democracia, arquitectura, ciencia y humanidades. Por ello, un grupo de judíos (que valoraban la calidad y la reconocían cuando la veían), adoptaron el estilo de vida griego. Fue la primera vez que nosotros, los judíos, teníamos que preocuparnos no tanto por una amenaza física externa, sino por los desafíos espirituales internos de alienación y definición del yo que planteaba la cultura griega. “¿Soy un judío griego o un griego judío?” era entonces tan crucial como “¿Soy ante todo judío o argentino?” o chileno, canadiense, o lo que corresponda.
Todo era aún más complicado porque el judaísmo mismo tiene un profundo respeto por muchas cosas griegas. La principal obra de Cábala, el Zóhar, compara a las naciones del mundo con círculos concéntricos alrededor del pueblo judío, que se encuentra en el centro; como un núcleo o semilla que genera capas a su alrededor. De acuerdo con el Zóhar, la nación más cercana al centro y, por lo tanto, más similar al pueblo judío, son los griegos. Hmmm.
Además, el Talmud establece que cuando uno se encuentra en la Tierra de Israel, el lugar más sagrado del mundo y que exige actividades espirituales en todos los sentidos, se debe hablar uno de dos idiomas considerados puros y dignos para Israel: hebreo o griego. Aunque en la práctica no adoptamos esta opinión, de todos modos sugiere una seria admiración por el idioma griego.
Para llevar las cosas todavía más lejos, hay una opinión en la Mishná, no necesariamente extendida ni practicada, que dice que un rollo de la Torá puede ser escrito en griego y ser una Torá legítima para usar en la sinagoga. Dada la santidad de la Torá y la multitud de leyes sobre su escritura precisa, es una afirmación sorprendente hecha por Rabí Shimon ben Gamliel sobre una cultura con la que estábamos en guerra.
El bien y el éxito se definen por la derrota del otro.
Si el judaísmo valora tanto a los griegos, ¿cuál fue la causa del conflicto más allá del problema evidente de que los griegos trataban de aplastar todo lo judío? ¿Cuál era la diferencia más profunda o filosófica entre nosotros y ellos?
Quizá la clave esté en la influencia griega más común en la actualidad: los deportes y la competencia en general. Como escribió J.M. Roberts en su Historia del Mundo:
La vida griega mostraba una competitividad evidente desde los poemas homéricos en adelante. Esto lo ilustra el ideal expresado en la palabra muy usada que traducimos inadecuadamente como ‘virtud’. Para los griegos significaba ser capaz, fuerte, ingenioso, tanto como justo, con principios o virtuoso en el sentido moderno. El héroe de Homero, Odiseo, a menudo actuaba como un pícaro, pero es valiente e inteligente y tiene éxito; por lo tanto, es admirable. Los griegos se preocupaban por la “imagen”. Su cultura les enseñaba a evitar la vergüenza más que la culpa.
Para los griegos, ganar lo era todo, incluso a expensas de la moral, la decencia y la bondad. El respeto por el otro y “no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan” no formaba parte de su filosofía. Para los griegos, hay un ganador y todos los demás son perdedores, y se hace lo que sea necesario para llegar a la cima. El bien y el éxito se definen por la derrota del otro, ya sea en negocios, belleza o fuerza. No muy diferente de muchos aspectos de nuestra sociedad actual.
Contrastemos esto con la visión judía de la competencia de acuerdo con la Mishná en Pirkei Avot – Ética de nuestros padres 4:1:
¿Quién es sabio? El que aprende de todos. ¿Quién es fuerte? El que puede superar su debilidad personal. ¿Quién es rico? El que se contenta con lo que tiene. ¿Quién es digno de respeto? El que respeta a los demás.
Para los griegos, mi definición de bien viene a costa de otro. Soy sabio si soy más listo que el otro. Soy fuerte si puedo vencerlo en la pista, en la colchoneta o saltar más alto. Soy rico si tengo más juguetes y riqueza que tú. Y soy digno de respeto si otros me confieren respeto y honor.
En el judaísmo, mi relación con el otro es irrelevante al definir mi fuerza o riqueza, pues compito conmigo mismo, no con los demás. La fuerza trata solo de superar mis defectos personales y no tiene nada que ver con alguien externo. ¿Quién es fuerte? El que puede superar su debilidad personal. Similarmente mi definición de riqueza no tiene nada que ver con mi estatus o mis bienes, sino que depende únicamente de cómo valoro los dones que el Todopoderoso me ha dado. ¿Quién es rico? El que se contenta con lo que tiene. En ambas áreas, para definir mi riqueza o mi fuerza se trata de mí, no de ti.
Los casos en que me comparo con otro son únicamente para fortalecer al otro, como al otorgar honor a toda la creación de Dios o para aprender de ellos sin importar su posición en la vida. ¿Quién es digno de respeto? El que respeta a los demás. ¿Quién es Sabio? El que aprende de todos. Todas las personas tienen experiencias y sabiduría que a mí me falta. Por lo tanto, sin importar cuán sabio o inteligente sea, siempre puedo aprender de mis semejantes, sin importar su supuesto estatus en la sociedad, ya sea que sean meseros, conductores de Uber o médicos.
De acuerdo con la cosmovisión judía, cada uno puede ser un campeón.
Janucá resalta el contraste entre la visión griega/occidental del éxito y la perspectiva del judaísmo. Dentro del marco griego, todos son perdedores porque siempre habrá alguien más fuerte, más inteligente, más bello o más rico. Es un sistema interminable de insatisfacción destinado a generar infelicidad mediante la constante búsqueda de ser mejor que los demás.
Pero el sistema judío es un escenario donde todos ganan, en el que cada uno puede ser un campeón por derecho propio. Cada uno tiene la oportunidad de estar en el podio más alto con sus éxitos y talentos individuales y únicos; triunfos personales que nos brindan a todos la posibilidad de ser ricos, fuertes, sabios y dignos de respeto.
Publicado por Aish Latino
