El alimento más tradicional y simbólico de Rosh Hashaná
por Rav Berel Wein
Publicado en AISH LATINO
El origen y significado del alimento más tradicional de Rosh Hashaná.
Todos estamos familiarizados con la costumbre judía de sumergir una manzana en miel y comerla en la noche de Rosh Hashaná. Todas las costumbres judías tienen orígenes en la Torá, la historia y la tradición, aunque muchas de ellas hoy puedan resultar algo oscuras debido al paso del tiempo y a las circunstancias del largo exilio de Israel.
Entonces, ¿por qué la manzana? Para simbolizar un año dulce, ¿no es suficiente colocar miel sobre el trozo de jalá con el que comenzamos la comida? ¿Qué simbolismo especial tiene la manzana que la convierte en la fruta principal de nuestra mesa de Rosh Hashaná?
Algunos escépticos sofisticados dicen que la manzana se usa porque era la fruta más disponible en las regiones del exilio judío. Sin embargo, tal razonamiento elude la cuestión y pierde de vista el propósito de la preservación de las costumbres judías. Estas costumbres existen para reforzar la identidad y la memoria judías. Sirven como recordatorio de nuestras responsabilidades y deberes hacia Dios y hacia el prójimo. Refuerzan nuestra conexión con las generaciones judías pasadas y proveen un método eficaz para transmitir tradición y herencia a hijos y nietos.
Una de las tragedias de la alienación de muchos judíos actuales respecto a su herencia es su ignorancia y falta de participación en las costumbres judías. La costumbre de comer la manzana con miel en la noche de Rosh Hashaná sí tiene un significado tradicional especial, más allá de la simple disponibilidad de la fruta en esa época del año. Y es este significado especial de memoria el que realza la belleza e incluso la dulzura de la costumbre.
Fruto del afecto
Uno de los frutos con los que se compara al pueblo judío en El Cantar de los Cantares de Salomón es la manzana: “Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado, Israel, entre las doncellas (naciones) del mundo”.
El Midrash nos enseña que el manzano produce el brote de su fruto incluso antes de que crezcan las hojas que lo rodearán y protegerán. El pueblo judío, al aceptar la Torá con la declaración “haremos y entenderemos”, poniendo la acción santa y la observancia de los mandamientos por delante incluso de la comprensión y aceptación racional, imitó el comportamiento de la manzana. Por ello la manzana se convirtió en símbolo judío, una especie de recordatorio del momento de la revelación en el Sinaí.
La manzana también recordaba al pueblo judío su esclavitud en Egipto y su liberación. De acuerdo con el Midrash, la manzana servía como fruto del afecto entre marido y mujer durante el doloroso período de esclavitud. Les daba esperanza para el futuro y determinación para traer una nueva generación al mundo, a pesar de la oscuridad de las circunstancias. La manzana se convirtió, por tanto, en símbolo del hogar judío, de la familia, del optimismo hacia un futuro mejor, de la tenacidad del espíritu y de la determinación judía.
El Jardín del Edén
Es interesante notar que en la sociedad general, la manzana ha sido vista como el fruto de la tentación en la historia bíblica de Adam y Javá en el Jardín del Edén. La manzana pasó a simbolizar la debilidad humana, la caída e incluso la muerte misma.
Los frutos en el Jardín del Edén eran trigo, higos y uvas.
Sin embargo, el Talmud, cuando enumera los posibles “frutos” que pudieron provenir del Árbol del Conocimiento, no incluye la manzana. Los frutos mencionados son trigo, higos y uvas.
Existe una fuente judía en el Midrash que sí identifica la manzana como aquel fruto fatídico, pero carece del peso autoritativo del Talmud. El mundo cristiano, por razones desconocidas, adoptó esta interpretación, y durante 1.500 años en el arte, la historia y la tradición cristiana, la manzana cargó con esa connotación negativa.
No así entre los judíos, donde la manzana conserva su simbolismo positivo y ocupa un lugar de honor en nuestra mesa de Rosh Hashaná como presagio de un año bueno, dulce y sagrado para todos.
¡Oye, miel!
Otro alimento favorito en la mesa judía durante las Altas Fiestas es la miel. Tradicionalmente, desde Rosh Hashaná hasta después de Sucot, la miel se sirve en cada comida principal: se unta sobre la jalá con la bendición de Hamotzí, la manzana dulce se sumerge en miel en la noche de Rosh Hashaná, los pasteles se hornean con miel, y se usa miel en recetas como zanahorias glaseadas y postres dulces.
Aparte del desastre calórico que puede implicar, es difícil decir algo negativo sobre la miel.
La costumbre de la miel en la mesa judía durante las Altas Fiestas es antigua y universal. Ya está registrada en las obras de los Gueonim de Babilonia del siglo VII, y probablemente se remonta a épocas aún más antiguas. No es exagerado decir que los judíos siempre han tenido debilidad por lo dulce.
La razón más obvia de su uso en nuestra mesa en este período del año es el simbolismo: nuestro deseo de un “año dulce”. Dulce significa querido, valioso, placentero, satisfactorio, sereno, seguro y agradable. En resumen, eso sintetiza nuestras esperanzas y plegarias para el nuevo año, y por eso la miel sirve como representante de esos deseos.
La Biblia describe la Tierra de Israel como una “tierra que fluye leche y miel”.
No obstante, la miel simboliza más que dulzura. Es uno de los atributos de la Tierra de Israel, que es descrita en la Biblia como una «tierra que fluye leche y miel». Por lo tanto, la miel en la mesa le recuerda al judío donde quiera que resida, nuestra antigua patria de Israel y nuestro apego con su historia y su tierra sagrada.
En realidad, la “miel” bíblica no es la de abejas que usamos hoy, sino miel producida de dátiles muy maduros. Incluso hoy en Israel se produce miel de dátil, aunque en el mercado la gran mayoría de miel siendo de abeja.
¿Es kasher?
El uso de la miel de abeja como alimento permitido plantea una interesante cuestión halájica. La regla general dice que los productos derivados de criaturas no kasher no son kasher. Las abejas son una especie no kasher, y parecería lógico pensar que la miel producida en sus cuerpos tampoco lo sería. Sin embargo, la Biblia relata que la miel de abejas era consumida sin reparo, como en la historia de Sansón en el libro de Jueces, cuando las abejas produjeron miel en el cadáver del león.
¿Por qué la miel se considera diferente de, por ejemplo, la leche de camello, que sigue siendo no kasher porque proviene de un animal no kasher?
Los rabinos del Talmud estudiaron este problema y decidieron que el saco de la abeja donde se almacena la miel se considera halájicamente sólo un depósito, no parte integral del cuerpo de la abeja. Por el contrario, los órganos que producen la leche en el camello forman parte integral de su sistema circulatorio y digestivo, y por eso tanto el animal como su leche son no kasher.
La misma lógica se aplica al uso de ciertos glaseados resinosos en productos kasher hoy en día, aunque se originan en insectos. Allí también el saco y la resina no se consideran parte integral del cuerpo del insecto.
Su simbolismo de dulzura en la vida, su conexión con la Tierra de Israel y su lugar en la halajá y en la discusión rabínica, todo esto ha hecho de la miel un alimento “judío”. Su uso como comida es, sin duda, una de las costumbres más agradables de la tradición. Que su simbolismo de dulzura sea realmente un presagio de alegría para el buen año que todos anhelamos.
